En el Tantra, respirar no es solo meter aire al cuerpo. Es mover Prana, la energía vital que, según esta tradición, anima cada célula, cada emoción y cada pensamiento. Y aprender a moverlo es aprender a sentir más.
El placer de respirar es una inmersión en el Pranayama tántrico: el arte de dirigir y expandir la energía vital a través de la respiración. Vas a conocer el mapa sutil que propone el Tantra.
Ida, el canal lunar, receptivo, que se asocia a la mente y a lo que no vemos.
Pingala, el canal solar, activo, que se asocia a la vitalidad y al cuerpo.
Sushumna, el canal central, por donde la tradición dice que asciende la energía cuando ambos se equilibran.
Vas a vivir este mapa en tu propio cuerpo: respiraciones que activan, que calman, que abren y que sostienen.
El éxtasis, como lo entiende el Tantra, no se reduce a la sexualidad. Es un estado en el que los sentidos se intensifican y, en lugar de dispersarse, la energía se concentra y se expande. El cuerpo se vuelve un canal de placer, presencia y conexión. La respiración es el puente entre lo que sientes y lo que todavía no te has permitido sentir.
Para ti si sientes curiosidad por el Tantra más allá de lo que se dice de él, si quieres conocer tu energía desde la experiencia y no solo desde la teoría, o si intuyes que el placer puede ser mucho más amplio de lo que te enseñaron.
En la respiración se esconde el placer que tu cuerpo ya sabe sentir.
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